“Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré” (2 Samuel 22:3)
Confiar es un acto de fe, pero no necesariamente de “fe” religiosa. Esa es una faceta de la fe, la confianza que se expresa en un ser superior a quien imploramos por guía y providencia. Sin embargo, hay otras facetas de la fe. Un hijo que confía en su madre, deja, literalmente su vida en sus manos. La amistad necesita de fe, de hecho, es un acto de fe el confiar que quien se dice digno de nuestra amistad no nos traicionará y estará con nosotros en los momentos difíciles. Formar una pareja, es un acto de fe, esperamos lo mejor de la persona a quien entregamos nuestros afectos y por esa razón, estamos dispuestos a sacrificios y esfuerzos que no haríamos por otras personas. Incluso en actos comerciales es preciso ejercer fe, cuando llevo mi dinero a un banco y lo dejo allí, no estoy llamando todos los días para asegurarme de que tienen mis recursos, sé que están allí y en cualquier momento puedo ir a retirarlos. Cuando vamos a un restaurant ejercemos fe, pedimos la comida y luego la consumimos, no nos preguntamos si el cocinero le puso un veneno o que intenta asesinarnos.
Todo lo anterior son actos de fe. Exigen confianza, de otro modo, no se podría vivir y estaríamos permanentemente en ascuas, intentando sobrevivir. La fe es un constituyente básico de la existencia.
Sin embargo, un aspecto que sólo en las últimas décadas se ha enfatizado es la fe en sí mismo. Los psicólogos sociales y especialistas en administración han entendido que uno de los recursos intangibles de una empresa está constituida por las ideas que las personas tienen de sí mismos, por eso se dedican tantos seminarios y talleres para ayudar a los individuos a tener confianza en sí mismos, porque saben que sin ese aspecto básico, no importa qué habilidades se tengan, las personas fracasarán porque no tendrán lo que se necesita para superar obstáculos, creer en sí mismo.
Confíar en sí mismo es un acto de fe. Alguien dice “creo que puedo lograrlo”, y al decirlo inicia una serie de cambios cognitivos que producen a su vez efectos neuronales, que hacen que el cerebro y la mente comiencen a responder a ese nuevo escenario. No es extraño que de pronto personas comunes se encuentren haciendo cosas extraordinarias, simplemente, porque decidieron ejercer fe en sí mismos, porque entendieron que si no confiaban en ellos mismos, ¿quién más lo iba a hacer?
Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: Superando obstáculos
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