El obstáculo de la culpa


“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9)

Los obstáculos en el camino del éxito son muchos, algunos fácilmente de percibir, sin embargo, otros, son intangibles y habitan en nuestra mente impidiéndonos crecer y lograr lo que nos proponemos.

Es extraño como funciona la mente humana. La mayoría de los cristianos cree que Jesús vino para liberarnos del pecado y la culpa. Leen versículo como el que inicia esta reflexión, pero aún así, se sienten fracasados cuando se equivocan o cargan culpas por errores cometidos con los hijos o en su vida personal. Decimos que Jesús libera, pero en la práctica, muchos cargan mochilas de culpas que los hunden en falta de confianza en sí mismos, y en vez de ser liberados, se convierten en sufrientes permanentes.

Los sentimientos de culpabilidad son uno de esos obstáculos que se convierten en lastre para crecer.

Nos equivocamos, pues bien, con eso demostramos que somos humanos, ni más ni menos, así que lamentarnos no ayuda. Debemos pedir perdón, enmendar lo que podamos y continuar, de otro modo, no podremos avanzar.

Hicimos algo mal que provocó un dolor en alguien, pues eso demuestra que somos humanos, sólo humanos. Pidamos perdón, ofrezcamos compensar el dolor que hemos provocado, hagamos lo posible para que el dolor causado sea enmendado, pero no dejemos que ese dolor que provocamos se convierta en la pared de granito que nos impida avanzar.

Realizamos un acto del que nos avergonzamos, pues bien, eso demuestra que aún tenemos la sensibilidad suficiente para darnos cuenta de que hay ocasiones que nuestras acciones nos ponen en una situación ridícula o riesgosa. Pidamos perdón, levantemos la frente, arreglemos lo que se pueda, y continuemos viviendo. La gente siempre se reirá de algo que hemos hecho, pero de nosotros depende el convertirnos en el bufón de la corte o simplemente, en el rey de nuestra vida.

Dios nos perdona. Toma nuestras faltas y las tira “en el fondo del mar” (Miqueas 7:19) y lo maravilloso, es que no bucea nunca más en aguas profundas. ¿Por qué sientes culpa entonces?

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: Superando obstáculos

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