“El necio multiplica palabras, aunque no sabe nadie lo que ha de ser; ¿y quién le hará saber lo que después de él será?” (Eclesiastés10:14)
Es una necesidad humana básica entender quién se es. Ninguna persona puede existir de manera equilibrada y emocionalmente sana si no desarrolla su propia identidad, que no es genética ni ambiental, sino una decisión personal, que está vinculada con la individualidad y la percepción, buena o mala que se tenga de sí mismo.
Todo ser humano tiene que responder la pregunta vital sobre su individualidad: ¿Quién soy? Es una pregunta fundamental que no puede responderse con medias respuestas o actitudes evasivas. Es un camino que puede llevar toda la vida, pero es fundamental responder quién soy, quién me gustaría llegar a ser o quién debería ser. No son temas tangenciales, sino que están en el fundamento mismo de nuestro ser persona.
Francisco Alarcos, afirma que la búsqueda de identidad tiene dos dimensiones, una personal y otra social. “Personal, porque atañe a la persona darse una respuesta que considere válida, y social, porque el ser humano es un ser social por naturaleza y no se construye a sí mismo en el aislamiento” (2009:51).
Nadie puede evadir la obligación que tiene frente a sí mismo para elegir quién es o qué quiere ser, esa respuesta no la pueden dar otras personas, porque de esa forma se pierde la libertad esencial que nos permite ser.
La dimensión social es fundamental en esta respuesta. Todos nacemos en un contexto social. Sea bueno o nocivo, es lo que hay y a partir de esa experiencia social construimos nuestra identidad. Pero, en última instancia, elegimos lo que somos o lo que deseamos ser. No está determinado, aunque si condicionado.
Este constructo cognitivo que llamamos “identidad” se irá modificando a lo largo de los años, dependiendo de las habilidades que adquiramos o las experiencias que tengamos. Lo que es ineludible, es la necesidad de hacerlo. Dios nos ha dado la capacidad de reflexionar y pensar, es un deber para con nosotros mismos, elegir un concepto de nosotros mismos que nos permita vivir con equilibrio y emocionalmente sanos. Dios no elige por nosotros.
Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: Superando obstáculos
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