La marca de Caín


“Entonces el Señor le puso una marca a Caín, para que no fuera a matarlo quien lo hallara.” (Génesis 4:15)

No tengo idea qué marca puso Dios en Caín, pero dicha señal continuó el resto de la vida de este personaje, que llevo esa huella como un estigma, que lo protegía de ser asesinado por otra persona. Dios lo cuidó, pero para hacerlo lo marcó para el resto de su vida. ¿Cómo habrá sido vivir así? ¿Cómo se sentirían los hijos de Caín al saber que su padre estaba marcado?

Tomándome una licencia homilética, creo que muchas personas llevan una especie de marca de Caín invisible en su frente. Nadie la ve, sólo ellos. Pero su peso es tan fuerte que les parece que todo el mundo los observa. Dicha marca está constituida por todas aquellas palabras que nos dijeron que de una u otra manera hizo que perdiéramos confianza en nosotros mismos.

“Perdedor”, “fracasado”, “inútil”, “basura”, “tonto”, “lento”, y podrímos seguir, todos los seres humanos en algún momento hemos sido “acariciados” por esas expresiones que dichas en todos los tonos, han supuesto una agresión a nuestra dignidad humana. Pero el problema al final, no son esas palabras, sino que las creímos y las incorporamos a nuestra existencia como si fueran verdad y quedaron allí como quemadas a fuego en nuestra conciencia, produciendo pequeños estados de conciencia que nos impidieron lograr más de lo que podíamos.

“Soy un fracaso”, me dijo una de mis estudiantes hace un tiempo. Cuando le pregunté por qué creía eso, me dio una larga lista de “no puedo”, que le habían enseñado en su casa. Los “no puedes” que sus padres le habían repetido por años estaban allí en su mente impidiéndole crecer y siendo un obstáculo para su crecimiento y realización personal.

Le di una hoja de papel, puse en grandes letras como encabezado “PUEDO”, y le dije que hiciera una lista de todas las cosas que sí podía hacer. Le pedí que la llevara a casa y me la trajera en una semana, luego de meditar cuidadosamente en los “puedo” que eran posible en su vida.

A la semana me abordó en un pasillo. Tenía una hermosa sonrisa en el rostro y me dijo: “Ya sé que hay muchas cosas que puedo hacer”. En ese momento supe que la marca que llevaba comenzaba a ceder.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: Superando obstáculos

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