La mente, un obstáculo


“Ser renovados en la actitud de su mente” (Efesios 4:23)

Cuando hablamos de “mente” no nos referimos a la mecánica del cerebro ni a las redes neuronales, sino a esa compleja trama que conforman nuestros pensamientos, ideas, conceptos, preconceptos, estereotipos y juicios que son los que configuran nuestra mirada de la realidad. Miramos con la mente, no con los ojos. De hecho, todo lo que vemos pasa por el tamiz de nuestra mente. Eso hace que con ojos similares, la gente vea cosas distintas.

En la mayoría de las personas la mente se convierte en un obstáculo. Las ideas que tienen sirven como rocas en el camino que les impiden avanzar. Los prejuicios condicionan su manera de enfrentar la realidad. Los juicios aprendidos son el paradigma con el cual miden todo lo que les ocurre. En muchos sentidos, no ven con la mirada sino con los conceptos.

La educación pretende ayudar a los estudiantes a cambiar su mente, porque en eso consiste finalmente el pensar. El introducir nuevas ideas hace que las personas experimenten nuevas maneras de ver la realidad.

Es interesante que la Biblia hace constantes llamados a renovar la mente. Los escritores bíblicos, entendieron, que sin un cambio de paradigmas, de visión de mundo, de preconceptos, no habría cambios reales. No se trata de adornar la realidad ni de buscar ideas que maquillen lo que ocurre, sino de incorporar conceptos que sirvan para modificar la realidad.

El desafío más grande de todo ser humano es convertirse en crítico de su propia mente. Siempre es más fácil examinar las ideas y conceptos de otros, que detenerse a analizar las ideas propias. Solemos ser condescendientes con nosotros mismos. Acariciamos conceptos que no queremos dejar ir y todo eso que hay en nuestra mente se convierte en un lastre, en vez de ser acícate para avanzar.

Las mentes sanas, que no están intoxicadas con conceptos erróneos, son las más críticas a la hora de pensar. Someten toda idea a un escrutinio feroz, hasta asegurarse que dicha idea es racional, lógica, coherente y que no está impregnada de estereotipos. Las mentes enfermas, por el contrario, se niegan al cambio y al examen de sus ideas. Se aferran a sus estereotipos como naúfrago a su salvavidas. Son mentes que no crecen.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: Superando obstáculos

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