Líder


“Te pido que les des a los israelitas un líder” (Números 27:16)

Toda la existencia humana se resumen en luchar. Apenas superamos un obstáculo surge otro, y así, en una sucesión sin fin que no acaba. Es parte inherente al estar vivo y ser consciente de lo que nos pasa. Los animales están sujetos a un programa genético previamente establecido y no pueden salirse de allí, no así los humanos que tienen abiertas ante si todas las posibilidades.

Esto significa que las personas tienen que aprender a hacerse paso en la existencia. Deben, literalmente, ganar un lugar. Decidir qué tipo de vida quieren vivir. Esta circunstancia no es optativa, estamos obligados a elegir qué tipo de vida queremos vivir.

Como diría el filósofo español José Ortega y Gasset, “la vida es un que-hacer”, es decir, no nos es dada hecha, tenemos que hacerla, de algún modo u otro, debemos asumir la responsabilidad de lo que somos y lo que queremos ser. Es una tarea ineludible.

El gran conflicto es quién lidera este proceso, nosotros u otros por nosotros. Porque en este elegir quién queremos ser podemos hacernos esclavos de las decisiones de otros y vivir vidas prestadas, que terminan siendo inauténticas. Ser líder del propio porvenir es algo que ni Dios limita.

Podemos elegir hacernos cargo de nuestra existencia o dejar que otros elijan por nosotros. Una gran cantidad de personas se resigna a vivir esclavizados de las decisiones ajenas, sin sentirse libres para elegir por sí mismos qué quieren ser. Finalmente, por esa vía, terminan siendo personas infelices y llenas de complejos que no les permiten ser auténticos.

La vía de hacerse cargo de sí mismo es más tortuosa, a menudo está cargada de incertidumbres, se vive constantemente como en una encrucijada, pero a largo plazo es lo que llena de satisfacciones, porque permite a los individuos emprender su existencia con un sabor más auténtico y vital.

Muchos, incluso, claudican de esta responsabilidad pensando que Dios debe elegir por ellos, pero esa salida termina también siendo un callejón sin salida. Dios puede inspirar, fortalecer la voluntad, animar, pero... la decisión de qué hacer, es única y exclusivamente nuestra. No somos marionetas de la divinidad, por mucho que algunos actúen como si lo fueran.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: Superando obstáculos

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