“Por último, hermanos, pensad en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Pensad en todo lo que es bueno y merece alabanza” (Filipenses 4:8)
No es ingenuidad pensar que los cambios más importantes proceden de la mente y del control de emociones. Cuando ese pensamiento no se entiende, los seres humanos nos convertimos en esclavos de nuestra mente que no nos ayuda a vivir de una manera plena y eficaz.
El gran aporte de Daniel Goleman y su libro Inteligencia emocional, fue plantear lo que era evidente, pero que no se había podido probar, el ser humano no es sólo un ser cognitivo. Su inteligencia no se termina en los procesos mentales que permiten la resolución de problemas y la adquisición de conocimientos. El ser humano también es un ser emocional y si nuestras emociones no son controladas de manera racional, terminan por convertirse en un gran obstáculo para el crecimiento y la vida.
Ricard plantea que “la experiencia demuestra que las emociones perturbadoras, al igual que una infección no tratada, adquieren fuerza cuando se les da libre curso” (2005:122). En otras palabras, el torrente de emociones se desborda sin ningún tipo de control cuando permitimos que se les de libre acción. Cuesta entender que somos nosotros los que estamos llamados a controlar nuestros pensamientos y no a la inversa.
Cuando alguien dice “no puedo evitar pensar mal” o “no me resulta fácil controlar mis emociones”, simplemente, está reconociendo que está esclavizado a lo que no puede manejar.
La Biblia hace constantes llamados a ocuparnos de nuestra mente, porque por inspiración divina, los escritores bíblicos entendieron que en el diseño de Dios, es la mente la que debe controlar al ser humano y no dejar que lo externo y lo circunstancial definan cómo hemos de sentirnos.
Es imposible evitar que sucedan acontecimientos negativos o que personas que están a nuestro alrededor, y en las cuales confiamos y amamos, nos traicionen, eso va a ocurrir, sin duda, pero somos nosotros los llamados a elegir el tipo de sentimiento que tendremos frente a esas situaciones azarosas. Podemos convertirnos en individuos amargos, vengativos, tristes, o por el contrario, en personas positivas y altruistas. La elección es nuestra.
Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: Superando obstáculos
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