“Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala” (1 Pedro 3:11)
Hay personas expertas en acumular rencores y rencillas. Parecen tener una memoria hipersensible que no olvida ningún mal que les haya ocurrido. Van juntando sobre las espaldas todo lo mal que les ha pasado y enquistan todas las situaciones desagradables, si alguien en algún momento ha actuado mal, lo recuerdan como si en eso se les fuera la vida. Se niegan a dejar atrás dicha herida y afrenta, esperando el momento para devolver lo que les han causado. Viven para desquitarse y en el camino pierden la alegría de vivir, y se tornan en amargados, rencorosos y en personas negativas de las cuales los demás van alejándose poco a poco. Luego retroalimentan su amargura quejándose de todos aquellos que alguna vez estuvieron y luego se alejaron.
Para muchas personas el mayor obstáculo de su vida es su propia mente y las emociones que coleccionan como si fueran piedras preciosas. Gastan energía en recordar frustraciones en vez de concentrarse en vivir y tener una calidad de vida superior.
El filósofo José Ingenieros escribió: “El hombre que ha perdido la aptitud de borrar sus odios está viejo, irreparablemente”. Pareciera un concepto excesivo, pero esconde una verdad del porte de una montaña. El odio envejece el alma, hace que las personas pierdan las ganas de vivir, su mirada se tuerce viendo en la realidad algo diferente a lo que es y así sucesivamente, es decir, “viejos, irreparablemente”, personas que han perdido la chispa de la vida, aún cuando tengan muy poca edad.
Los autores de la Biblia difícilmente podrían ser calificados de psicólogos, pero, por inspiración divina tienen una percepción de la naturaleza humana que los hace dar en el clavo de lo que implica vivir una vida emocionalmente sana. Pedro, que aprendió de la manera difícil, aconseja: “Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala” (1 Pedro 3:11), un muy buen consejo, que nos hace concentrarnos en aquello que nutre la vida y no la destruye. No hay nada de positivo en odiar, eso es buscar el mal a sabiendas. Dejar a un lado el resquemor es lo único que nos ayudará a vivir una vida sana. Muchas cosas que nos han hecho no cambiarán, es probable que quienes hayan actuado mal ni siquiera tengan sentimientos de arrepentimiento, pero dejarnos arrastrar por el odio, es pagar al mal con mal.
Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: Superando obstáculos
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