3 mar. 2017

Las muchas prisas


“No es bueno el afán sin reflexión; las muchas prisas son causa de errores” (Proverbios 19:2 DHH02)


Cuando algo tiene el potencial de salir y sale todo mal, no queda otra que detenerse por un momento a reflexionar cuidadosamente en sus causas y lo que está vinculado con el hecho. 


En el año 2016 ocurrió una de las catástrofes aéreas más dramáticas de los últimos tiempos, 71 personas fallecieron en el vuelo de la aerolínea privada Lamia, de Bolivia. Entre los que murieron la mayoría eran futbolistas del equipo brasileño Chapecoense que se trasladaba a la ciudad de Medellín para jugar la final de la Copa Sudamericana. Un evento que se esperaba con expectación resultó ser el fin de mucha gente y el comienzo del dolor para muchos más.
 

¿Cómo pudo ocurrir? Las autoridades colombianas, responsables del análisis de las cajas negras del avión han confirmado que hubo tres elementos complejos que terminaron por configurar la tragedia. El avión no llevaba suficiente combustible, salió con sobrepeso de su origen y voló a una altura superior a la permitida. 

Todos los aviones comerciales por disposición de seguridad tienen que llevar una carga adicional de combustible que les garantice al menos un vuelo de una hora y media más. Esto no ocurrió con el avión de Lamia. 


Al llevar sobrecarga, entonces, el riesgo fue mayor, puesto que a mayor carga mayor gasto de combustible y si se va con el exacto, es obvio que en algún momento va a faltar.


Al volar por sobre la altura permitida, el avión se expuso a mayores vientos de frente, lo que también provocan un gasto mayor de combustible.


¿Sabían los pilotos lo que ocurría? Las cajas negras evidencian que si, pero, lamentablemente, no pidieron ayuda a tiempo o no tomaron las precauciones del caso para actuar de manera preventiva, simplemente, siguieron adelante, hasta que fue demasiado tarde. El avión se precipitó a tierra estando sólo a 8 minutos de su destino.


“Las muchas prisas —dice el texto— son causa de errores” y es cierto, en el caso del avión de Lamia, es tristemente verdad. Cuando actuamos sin medir las consecuencias de nuestras acciones, a menudo, ocurre precisamente lo que ha pasado, se provocan desastres y se termina con la vida de inocentes que nada saben de lo que ocurre a su alrededor. El error es evitable, en la medida que reflexionamos.


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Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!


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