6 sept. 2017

Atavío de ramera



“Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro, con atavío de ramera y astuta de corazón” (Proverbios 7:10)

Otro de los prejuicios del mundo antiguo tenía que ver con la vestimenta de las mujeres, cuestión que de algún modo no ha cambiado con el tiempo. Los orientales del tiempo de Salomón, tal como los de la actualidad, tenían una obsesión cultural con las ropas de mujer y con su cuerpo. Como se consideraba que toda mujer era seductora por excelencia, y podía hacer caer a cualquier varón, entonces, escondían el cuerpo de la mujer, tal como se puede observar hasta el día de hoy en países árabes. Aunque, no era tan radical como se observa en las imágenes que nos llegan de esos lugares donde la vida de las mujeres está totalmente restringida, de todos modos entre los habitantes de oriente medio, muchas mujeres eran obligadas a ir con un velo para ocultar total o parcialmente sus caras.

Algo de eso hay en el relato de Jacob y Lea en Génesis 29:25, donde el patriarca no conocía a la mujer con la que tuvo relaciones sexuales y que le fue entregada, como si fuera un bien mueble, por su propio padre, sin ningún tipo de consideración por los deseos de ella o sus sentimientos.

En varias ocasiones es mencionado en la Biblia el uso del velo para cubrirse (Génesis 24:65; 38:19), con el que las mujeres debían mostrar “pudor” frente a los varones. Lamentablemente, lo que se escondía detrás de esa práctica, no era pudor sino control. Una forma burda de manejar a la mujer como propiedad.

Cuando una mujer se quitaba el velo y descubría su cabello, no importa cómo anduviera vestida, era tratada como prostituta, tal como sugiere el versículo de Proverbios 7.

En algunas ocasiones, tal como se menciona en el relato de la mujer que secó los pies de Jesús con sus cabellos, mostrar el pelo era un acto de rebeldía, de mostrar independencia, tal como parece sugerir el texto de Proverbios, pero que en la lectura sexista que se hace del texto, sólo ella, y nada más que la mujer es culpable de cualquier situación de seducción, los “pobrecitos” e “inocentes” varones, son sólo un instrumento neutro al uso de la maldad, la que encarna la mujer.

En la película “La lapidación de Soraya M.”, se observa este hecho en toda su crueldad cuando el varón con el que supuestamente ella ha tenido relaciones es saludado con cortesía y ánimos, porque ella, la “bruja” y “arpía” lo ha hecho caer. ¡Qué frágiles y débiles son los varones!



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!

#MiguelÁngelNúñez #Meditacióndiaria #Devocional
Comparte en:    Facebook Twitter Google+

0 comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios enriquecen este blog, y a las personas que lo leen. Te agradezco por tus aportes. Sin embargo, ten en cuenta que para que se publique lo que comentas debes indicar tu nombre (no se publicará ningún mensaje anónimo), y no debe aparecer ningún enlace a alguna página, número de teléfono, o dirección. Además, no se publicará ningún comentario con tinte ofensivo, homofóbico, discriminatorio, insultante o irrespetuoso. Todo lo demás, es bienvenido.