25 sept. 2017

El autoengaño destructivo





¿Quién puede decir: Purifiqué mi corazón, estoy limpio de mi culpa? (Proverbios 20:9 SA)

Ayer reflexionamos sobre este versículo. Me intersa destacar la versión de Serafín Ausejo que traduce de una manera ligeramente diferente de otras versiones, captando el sentido original del texto.

Para empezar pone el acento de la purificación en el individuo mismo, es decir, entiende que el llegar a ser puro es un acto de esfuerzo humano, por eso puede decir, en total negación: “Purifiqué mi corazón”, lo que lo lleva a la segunda negación: “Estoy limpio de mi culpa”.

Lo lamentable y a la vez, extraño, desde el punto de vista psicológico es que hay personas que honestamente lo creen. Afirman haber llegado a un estado de impecabilidad que los hace andar por la vida como si estuvieran libres de toda culpabilidad.

He conocido personas que han hecho del régimen pro-salud el centro de su vida y condenan a todo aquel que no come ni bebe como ellos, y creen, absurdamente, que abstenerse de carnes y otros alimentos, los pone por sobre otros. Suelen ser críticos, amargamente litigantes e intolerantes con quienes no viven como ellos. De esa forma, mantienen una reyerta continua con sus hermanos, a quienes llegan a considerar sus enemigos personales, pero, por absurdo que parezca no ven nada de malo en eso.

Conozco a otros que defienden la “verdadera adoración”, un mito inventado por alguien ocioso, porque hay tantas culturas y formas de ver la vida que llegar a la conclusión de que “mi forma de adorar” es la verdadera, es convertir un gusto personal en norma para otros. Alguna vez expuse algunas ideas a un fanático fundador de un grupo de internet que divulga películas (santas) y música (sagrada), y sus respuestas aparte de ser insultos, terminaron con un “me gustaría que te murieras”, y extrañamente, se siente cerca de Dios y no ve pecado en desear la muerte para alguien.

El legalismo es peligroso. No sólo radicaliza la mente sino que crea personas fanáticas, extremas, rencorosas, peleadoras, descalificadoras, mal habladas, y... negando su propia condición al no entender que todas esas conductas simplemente, son pecado.




Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!

#MiguelÁngelNúñez #Meditacióndiaria #Devocional
Comparte en:    Facebook Twitter Google+

0 comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios enriquecen este blog, y a las personas que lo leen. Te agradezco por tus aportes. Sin embargo, ten en cuenta que para que se publique lo que comentas debes indicar tu nombre (no se publicará ningún mensaje anónimo), y no debe aparecer ningún enlace a alguna página, número de teléfono, o dirección. Además, no se publicará ningún comentario con tinte ofensivo, homofóbico, discriminatorio, insultante o irrespetuoso. Todo lo demás, es bienvenido.