9 sept. 2017

Mujer seductora



“Con lisonjas de sus labios lo sedujo” (Proverbios 7:21b)

En la cosmovisión tanto del Antiguo Testamento como cristiana, la mujer siempre ocupó un lugar arquetípico. O se era madre o puta. Se idealizó a la madre, como una mujer abnegada, que se daba toda por los demás olvidándose de sí misma. Sus hijos y su esposo debían ser su único centro. Todo lo que saliera de ese marco regulatorio se consideró digno de una prostituta. La mujer no podía ser sexuada, seductora, ni tener deseos propios, eso simplemente la ponía en una categoría mala. Por lo tanto, Proverbios refleja ese tipo de pensamiento ancestral. La mujer no puede tomar iniciativas, no puede acercarse, no tiene derecho a desear. Ella está sometida a un régimen dónde lo único que importa son los deseos del hombre y nada más.

De allí que en casos de adulterio la única culpable sea la mujer y no el varón quien es visto como una criatura delicada y frágil que es seducido por la maldad de la mujer.

Aún hoy se percibe este doble juego moral. Cuando una chica se embaraza no estando casada, lleva la peor parte, no sólo en la forma en que es tratada por su comunidad, sino porque de algún modo se la considera más responsable, incluso se enseña que es ella, y sólo ella la que tiene la capacidad de poner alto a las presiones sexuales de los hombres.

Si tan sólo se mencionara un pasaje responsabilizando al varón, tanto en Proverbios 5 como en el capítulo 7, entonces, podríamos pensar en equidad, pero no es lo que se presenta, porque culturalmente, Salomón no podía ver otra cosa que lo que había sido enseñado a ver. La mujer, desde un principio es culpable del pecado y todo el género femenino está contaminado por esencia. ¿Podrían pensar diferente?

Romper con las estructuras culturales y sociales es uno de los asuntos más complejos que existe. Ya lo decía Einstein de manera irónica: “Es más fácil dividir un átomo que superar un prejuicio”. Leer las palabras de Salomón como un modelo es equivocar el rumbo, su visión está sesgada por una cultura que considera que todo lo malo se vincula con la mujer y no con lo masculino. De hecho, casi todo el Antiguo Testamento y varias secciones del Nuevo Testamento, tienen esta visión, en ese contexto, es milagroso que muchas mujeres decidan pese a todo creer en Dios, pese al maltrato cultural del cual son objeto.



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!

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