3 mar. 2018

Con buen juicio



“Con buen juicio se llenan sus cuartos de bellos y extraordinarios tesoros” (Proverbios 24:4)

En los días anteriores hemos aprendido que una “casa”, es decir, una familia, se construye con sabiduría y con inteligencia se ponen sus cimientos. Ahora el autor de Proverbios, agrega un tercer elemento que sirve para llenar los cuartos de la familia: Buen juicio.

El concepto “buen juicio” viene a completar los pilares necesarios para construir un “familia” conforme a los deseos del creador de la familia, Dios.

No se trata de darles lo básico, hay que enseñarles a vivir, es decir, entregar sabiduría. Pero, la sabiduría no se adquiere simplemente por experiencia, sino por inteligencia, que en el contexto de Proverbios se refiere a lo que hago para adquirir las habilidades para realizar algo.

Ahora, para poder saber qué entregar y qué no se precisa de “buen juicio”. Al utilizar la palabra “buen”, implica que hay un “mal” juicio, es decir, personas que toman decisiones equivocadas y cuyas consecuencias deben soportar el resto de la vida.

El juicio, es decir, la capacidad de discernir los acontecimientos para tomar la mejor decisión posible, se forma. No es cuestión genética ni de capacidad mental, aún personas muy dotadas y con características sobresalientes desde el punto de vista cognitivo toman decisiones equivocadas y absurdas. No se trata de eso, sino de cultivar la habilidad de poder detectar lo que es correcto o incorrecto, sería algo así como desarrollar “criterios”, expresión que surge en el contecto de una “crisis” que nos permite buscar la mejor solución.

Algo que desarrolla el buen juicio es no actuar por impulso. No dejarse llevar por sentimientos, y no permitir que sean las circunstancias las que tomen control de mi vida y mis decisiones.

Los que actúan por impulso no razonan, simplemente, se dejan llevar, y cuando están afectados por las decisiones, recién comienzan a analizar y reflexionar, muchas veces, cuando es tarde y las consecuencias ya les han afectado. Lo correcto es detenerse, pensar, analizar, reflexionar y si no sabemos, consultar a otros que han salido airosos en una situación similar. Nadie sabe todo, por eso preguntar no está demás.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!

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