16 mar. 2018

El problema de la traducción



“A los niños hay que corregirlos. Unos buenos golpes no los matarán” (Proverbios 23:13 BSL)

No hay ninguna traducción castellana, que en este versículo en particular, busque siquiera matizar, todas traducen de manera punitiva, y dan a entender que es lo más natural del mundo golpear a un niño “por una buena causa”. No se plantean en lo absoluto sobre la mejor traducción considerando los lectores contemporáneos, su traducción es casi literal, y digo casi, porque hay un concepto que no cuadra.

¿Con qué se llama a azotar a un niño? Pues, aparentemente, con una vara. Pero la expresión “vara”, en Israel se refería a un sólo tipo de instrumento, el que se usaba para guiar a una planta para que creciera derecha, en algunos lugares le llaman tutor. Si se lee literalmente, entonces, la “vara” sería para golpear lo que no se condice con el uso habitual de la expresión en tiempos del autor de Proverbios.

El asunto se complica más porque la expresión que se ha traducido a continuación es “azotar”, y no se matiza. Lo que los traductores no dicen es que la misma raíz se puede traducir como tocar, acariciar, rozar, palpar, acercarse, llegar, alcanzar, sentar la mano, hacer o tomar contacto, en síntesis, no es la única traducción posible, pero, en un contexto punitivo, donde se cree que la única salida es el castigo, entonces, suena natural pensar que el versículo está recomendando golpear al niño. Sin embargo, la traducción equivoca su sentido cuando no le da el correcto significado a vara, que era un instrumento delicado, que se usaba como guía y no como bastón de golpear. Ningún agricultor golpea a sus plantas para que crezcan derecho. Es el sentido metafórico del texto.

Por eso, que en hebreo usa la palabra “corregir”, ningún joven, niño o muchacho se morirá si ponen una vara sobre su espalda, si lo gobiernan, si le ponen reglas, normas, directrices, en suma, si se lo disciplina.

El castigo nunca redime, si así fuera, las cárceles estarían vacías y la multitud de personas que ha sido herida por sus propios padres no estaría en la situación que está lleno de llagas emocionales y dolores tan grandes que llegan a tener miedo de ser padres para no repetir con sus propios hijos lo que sus padres hicieron con ellos.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!

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