6 may. 2018

Investigar para aliviar



“Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen” (Salmo 6:2 )


Carlos Justiniano Ribeiro das Chagas (1879-1934)

Siempre la enfermedad ha sido un misterio y siempre han aparecido personas dispuestas a hacer todo lo posible para aclarar sus causas y buscar la forma de ayudar a quienes lo padecen.

Carlos Chagas fue un médico brasileño. Fue el descubridor de la enfermedad de Chagas, que lleva su nombre, también conocida como tripanosomiasis americana. Chagas ha sido el único investigador hasta ahora que ha podido describir completamente una nueva enfermedad infecciosa: su patógeno, su vector (miembros de la familia Triatominae), su hospedador, sus manifestaciones clínicas y su epidemiología.

Chagas fue pionero en atacar enfermedades infecciosas. Su primer acierto fue luchando contra la malaria, epidemia que afectaba a mucha gente. Utilizó piretro, un insecticida, para desinfectar las casas, obteniendo un éxito sorprendente. Su método que fue publicado, se convirtió en la base para la prevención de la malaria en todo el mundo.

En 1906 Chagas se unió al Instituto Oswaldo Cruz, donde continuó laborando hasta su muerte. En 1909, estando en la ciudad de Lassance, donde había ido para combatir una epidemia de malaria observó la invasión de las casas rurales por un insecto hematófago del género Triatoma que durante la noche succiona la sangre de sus víctimas. Descubrió que los intestinos de estos insectos albergaban un protozoo flagelado, una nueva especie del género Trypanosoma. Fue nominado dos veces al Premio Nobel, en 1913 y 1921.

Gracias a su trabajo miles de personas han podido encontrar alivio a sus dolencias, y de paso, Chagas enseñó la forma de explorar algunas dolencias. Su perseverancia logró lo que muchos simplemente avisoraban. Nunca se logran grandes resultados, sin esfuerzo ni tesón.

Fue lo mismo que hizo Jesús, vivió con esfuerzo y tesón y avanzó pese a las dificultades, mostrando de paso, que nada se logra sin comprometerse e involucrarse. Los que son espectadores no marcan la diferencia.

¿Quién eres? ¿Un espectador o un actor? ¿Te comprometes o simplemente miras? ¿Haces como Jesús o como aquellos que sólo se quejan?

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Héroes y heroínas de verdad

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