No hay lugar para neutrales



“El Señor examina a justos y a malvados, y aborrece a los que aman la violencia” (Salmo 11:5)

Es en medio de las crisis donde se conoce verdaderamente el carácter de las personas. Cuando todo va bien, es fácil esconderse detrás de las caretas del formalismo, la diplomacia y los estereotipos. En cambio, cuando hay momentos difíciles es preciso tomar partido, decidirse, no quedarse en la neutralidad, que es el camino de la cobardía y la pereza.

El nazismo es uno de los regímenes más sangrientos y crueles que ha existido en el siglo XX. Es probablemente el momento más difícil que ha experimentado la sociedad occidental cuando los alemanes del partido Nacional Socialista decidieron emprender su guerra expansiva basada en los criterios de la supremacía aria y los conceptos nazis de racismo y supresión de algunas etnias.

Muchos líderes religiosos han optado por la neutralidad, creyendo que esa es la forma correcta de actuar. Sin embargo, al observar la actuación de Jesucristo, lo menos que él fue es ser neutral. Se comprometió con la causa de los despreciados, los pobres, los marginados, y no sólo se puso a su lado, murió por ellos. Lo persiguieron porque rompió los moldes sociales de su época. El defender al pobre era una cuestión que iba en contra de los patrones religiosos, pero también políticos.

Dietrich pudo hacer como muchos pastores de su tiempo, quedarse en silencio y no decir nada. Actuar como si nada pasara y hacer de la indiferencia su forma de actuación, pero optó por el compromiso, por hacer algo, no sólo desde el púlpito sino en la acción consecuente. Fue encarcelado, luego acusado de participar en un complot para derrocar a Hitler y finalmente asesinado en la cárcel. Estando encarcelado escribió el libro El costo del discipulado, en el escribió: “Cuando Cristo llama a un hombre, le ofrece venir y morir”. Evidentemente, ser fiel a los ideales de Cristo demanda un costo.

Ser cristiano no es cuestión de liturgias, sino de compromisos que conllevan el asumir una determinada postura frente al mundo. No se puede ser un cristiano neutral. Cristo no lo fue. Es preciso tomar una posición.

Quien quiera seguir a Cristo debe saber que ser cristiano implica un riesgo no sólo de ser incomprendido, sino de ser perseguido. Jesús murió por su ideales, ¿estamos dispuestos a seguirlo?

Del libro inédito Héroes y heroínas de verdad
Copyright: Miguel Ángel Núñez
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