10 dic. 2018

Labios zalameros



“Como baño de plata sobre vasija de barro son los labios zalameros de un corazón malvado” (Proverbios 26:23)

El libro de Proverbios está lleno de imágenes y metáforas poderosas, que expresan con una sencillez deslumbrante verdades profundas y sólidas.

En este caso, la metáfora habla de “un baño de plata sobre vasija de barro”, lo que supone, no sólo una pérdida de material precioso, sino un engaño. Por fuera, un metal hermoso como la plata, pero por dentro, simple y llanamente barro. A todas luces, un engaño.

La metáfora es comparada con los “labios zalameros de un corazón malvado”. La expresión “zalamería” ha perdido fuerza en la lengua castellana, no suele usarse, pero la actitud, está presente en mucha gente que usa su capacidad de hablar para engañar y vender ruido, y no nueces.

Otras versiones traducen “labios dulces” (CJ); “labios suaves” (TA); “labios melosos” (BJ01); “labios lisos” (Junemann); “labios ardientes” (LBLA); “labios enardecidos” (Oso); “palabras suaves” (DHH02); “piropos” (BLS); “palabras bonitas” (PDT); “buenas palabras” (BLA); “labios lisonjeros” (NC); “los labios hinchados y coléricos” (Oro); “labios fervorosos” (VM); y, “labios que adulan” (NBE).

Esta diversidad de traducciones refleja la problemática que presenta el autor del proverbio, y señala lo complejo que es entender que muchas veces, detrás de palabras de zalamería, diplomacia y cortesía se esconden verdaderos engañadores y tramposos, que usan su capacidad de oratoria para envolver y engañar.

Tengo una tendencia natural a actuar a la defensiva ante personas que son demasiado locuaces y que suelen hablar mucho, especialmente con palabras empalagosas, zalameras o dichas de tal forma que envuelven. Cuando mi hija era adolescente, le enseñé a desconfiar de aquellos que hablaran demasiado y no fueron totalmente honestos en lo que dijeran.

Tal como dice otro proverbio del mismo libro “en las muchas palabras no falta pecado” (Proverbios 10:19), porque los que necesitan muchos vocablos para seducir, a menudo, son falsos, engañosos y quieren venderte vidrios como si fueran diamantes, en otras palabras, como dicen en mi tierra “darte gato por liebre”, decir una cosa, cuando en realidad, piensan en algo diferente.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!: 
Comentario devocional del libro de Proverbios

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27 nov. 2018

Leña que enciende el fuego



“Con el carbón se hacen brasas, con la leña se prende fuego, y con un pendenciero se inician los pleitos” (Proverbios 26:21)

Los pendencieros vienen en todos los colores y nacionalidades. Se dan en todos los estratos sociales y están presentes en todos los géneros, varones y mujeres. Un pendenciero o pendenciera, simplemente, es lo que es independientemente de las circunstancias en las que se han desarrollado.

La imagen que usa el texto bíblico es muy gráfica. Compara al pendenciero con “el carbón y las brasas” y con “la leña” y el “fuego”. No se pueden hacer brasas sin carbón ni prender fuego sin leña. Para que se avive la fogata es preciso que exista algún combustible que permita que se mantenga la combustión.

Habitualmente los pendencieros no tienen una razón para armar discusiones y peleas, simplemente, lo hacen porque pueden y porque quieren. Les complace crear reyertas y conflictos. Lamentablemente, muchos de ellos son cristianos profesos, que han olvidado que una características de los hijos de Dios es la paz.

Pedro, que aprendió la lección de los pendencieros, expresó que lo caracteriza a un cristiano es su “espíritu suave y apacible” (1 Pedro 3:4). Es decir, una actitud conciliadora y no de pelea.

Muchos cristianos parecen “gallos de pelea”, dispuestos a insultar y motejar a todo aquel que ose oponérseles, especialmente, en cuestiones de fe. No se dan cuenta que el peor testimonio para el evangelio es un cristiano pendenciero, que hace de la discusión y la descalificación su modus operandi, lo que trae oprobio al evangelio.

En el mismo tenor Pablo menciona que una de las características de alguien que conoce a Jesús es que no es “pendenciero”, sino todo lo contrario, una persona “amable y apacible” (1 Timoteo 3:3), precisamente, porque es lo que caracterizada a quienes siguen las pisadas del Maestro de Galilea, que no cedió ante los matones de su tiempo ni calló en sus bravuconadas.

Si eres cristiano, entonces, actúas como Jesús lo hizo. Pablo llama a “vestirse” con “amabilidad y paciencia” (Colosenses 3:12), que es precisamente, la actitud que se necesita para que no se encienda el fuego ni se calienten los ánimos.

Los pendencieros incendian las relaciones y logran que la gente se exalte y desanime. Los cristianos, buscan, expresamente el espíritu contrario. Decide qué eres.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!: 
Comentario devocional del libro de Proverbios

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25 nov. 2018

Bocados deliciosos



Los chismes son como ricos bocados: se deslizan hasta las entrañas” (Proverbios 26:22)

La imagen del texto es poderosa: “Bocados deliciosos”. Porque eso es lo que son los chismes, ricos bocados que se aceptan como verdades sin haber examinado la evidencia, y aún cuando fuera cierto, la gente suele extasiarse más con el chisme que con la verdad.

Es interesante que varias versiones traducen chisme como “delator”, porque en realidad, eso es la persona que transmite un rumor, delata a alguien y deja al descubierto, a menudo, una situación que debe ser mantenida en silencio, para proteger, a todos los que están involucrados.

La versión DHH señala que los chismes son como “golosinas”, es decir, resultan atractivos, y por esa razón, se consumen como un plato apetitoso, sin entender el tremendo daño que se hace a otras personas cuando nos dedicamos a transmitir situaciones de la vida ajena que no nos compete.

La Biblia en Lenguaje Sencillo expresa el sentido más profundo del texto: “Los chismes son muy sabrosos, pero también hacen mucho daño”. ¿Qué es lo que dañan?

En primer lugar, a quien admite en su vida los chismes. Porque se convierte en una persona maligna, ocupada sólo de aspectos negativos de otros, y propagando dicha información que va de boca en boca como un veneno. El que transmite un chisme es una persona cuya mente ha cedido espacio al mal.

Lo extraño es que muchos “chismosos” son defensores del actuar de buena fe, de ser obedientes a Dios y de ser “buenos cristianos”, y estos mismos “buenos cristianos” no ven nada de malo en esparcir rumores de la vida ajena, que aún cuando sean ciertos, no sirve comunicarlos, porque no da oportunidad de defensa ni de resarcir el error. El que transmite un chisme se convierte en juez y verdugo al mismo tiempo.

Las víctimas del chisme no tienen oportunidad de defensa, y aún cuando se defendieran, su defensa suele ser tomada como una reacción de victimización, porque lamentablemente la mente humana suele dar más trascendencia al mal actuar de alguien que a sus acciones positivas, que normalmente, no se comunican, porque no tiene gracia decir: “Supieron lo extraordinario que hizo fulano”.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!: 
Comentario devocional del libro de Proverbios

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24 nov. 2018

Sabio en su propia opinión



“¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él” (Proverbios 26:12)

El capítulo 26 de Proverbios está dedicado al necio. Buena parte del libro se refiere a los necios en contraste con el sabio. En esta oportunidad el autor alude a la actitud de quien es “sabio en su propia opinión”, es decir, aquel que “sólo tiene opinión”, y cree, de manera ilusa que por tener una opinión esta tiene que ser verdad. En ese caso, el autor no duda en decir, que ante el espectáculo de “sabios en su propia opinión” hay más esperanza en el necio. Siendo que el autor de Proverbios tiene pésima opinión de los necios, es evidente, que piensa de manera más desdeñosa de quienes sostienen opiniones como si fueran verdad.

En la época que vivimos asistimos a la llamada era de la “pos-verdad”, donde ya no interesa conocer una verdad, sino defender una opinión. Basados en el principio de la “libertad de opinión”, cualquier persona actual se siente con derecho a refutar a profesionales, académicos e intelectuales. Ninguna verdad interesa, salvo, la opinión propia.

El mundo en que vivimos es el más desinformado de la historia. Nunca antes se tuvo tanta información al alcance, pero nunca antes se vivió el espectáculo de ignorancia que se observa. Adolescentes que creen que por tener un teclado son dueños de la verdad y adultos que provistos de una cuenta de Whatsapp dan por verdadera una información sólo porque alguien la compartió.

Ya están surgiendo voces en Europa y otros lugares, para obligar a los proveedores de Internet para filtrar, por ejemplo, las informaciones falsas que se propagan con más facilidad que la verdad. Distinguir la verdad del error siempre fue un desafío, pero, creo que hoy lo es más que en ninguna época porque las personas no se detienen a verificar si la información que reciben es correcta, sólo se dejan llevar por la difusión masiva o “porque lo leí en Facebook”.

El necio es tozudo, vacío de contenido, orgulloso en su ignorancia y limitado por sus propias ínfulas de sabiduría, pero, paradojalmente hay más esperanza en él, nos dice el autor de Proverbios que en alguien que es “sabio en su propia opinión”. Una persona terca, que no acepta evidencias, ni diálogo, ni procura aprender, ni busca contrastar con bases adecuadas las opiniones que tiene, finalmente, se convierte en un peligro, porque no va tras la verdad sino que busca que su opinión sea aceptada, sea verdad o no.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: ¡Háblame Señor!: 
Comentario devocional del libro de Proverbios

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