17 may. 2018

Detenerse



“Un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego ... lo llevó a un alojamiento y lo cuidó” Lucas 10:33-34.

Alberto Hurtado Cruchaga (1901–1952)

No es lo mismo nacer entre sábanas de seda que vivir en una casa de cartón. Es común que quienes nacen en la opulencia no vean con buenos ojos a quienes carecen, pero no es el caso de Alberto, hijo de una familia aristócrata de Chile.

Fue abogado, y podría haberse dedicado a esa profesión a ganar dinero sin preocuparse de nada más, no obstante, se hizo sacerdote y en dicha calidad recorrió Argentina, España y Bélgica, precisamente en este último país se doctoró en pedagogía, luego de lo cual regresó a Chile.

Por su defensa de los más pobres y los trabajadores, fue acusado injustamente de tener ideas políticas de izquierda, de hecho, los sectores más acomodados de la sociedad y algunos de su propia iglesia lo llamaban el “sacerdote rojo” o “comunista”. Lamentablemente, es la forma en que se tiende a estereotipar a quienes optan por la defensa de los más desposeídos.

Su obra más importante por la que se le conoce hasta hoy fue la fundación de la obra de beneficencia denominada Hogar de Cristo que provee de alojamiento y alimentación a indigentes.

Murió a los 51 años de cáncer al páncreas. El gobierno chileno declaró la fecha de su muerte como el “Día de la solidaridad”.

Mientras la mayoría de las personas pasa al lado de quienes padecen necesidad, hay otros que deciden hacer algo y salir de la apatía conformista del que sólo mira y no hace nada. Cuando hay necesidad se dan tres tipos de personas, los que pasan como el levita de la historia que contó Jesús, los que se detienen, miran y siguen de largo, como el sacerdote de la misma parábola o los samaritanos que dejan el sendero, hacen un alto, toman al herido, lo curan y dan una ayuda efectiva.

¿De qué tipo de persona eres? Un levita, un sacerdote o un Alberto Hurtado que se detiene y decide hacer algo en vez de hablar. Es fácil tener excusas para pasar de largo, el llamado de Jesús es a detenerse, tal como el mismo Jesús hizo. ¿Qué harás tú?

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Héroes y heroínas de verdad

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