15 may. 2018

Mártir al servicio



“Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos” (Juan 15:13)

Gabrielle Weidner (1914-1945)

E n momentos de crisis salen a luz los verdaderos héroes, muchos de ellos han vivido de cara a la verdad y de manera coherente han defendido los principios más sublimes de la humanidad. Gabrielle Weidner es una de esas heroínas silenciosas que la historia no ha destacado suficientemente.

Gabrielle nació en Bélgica. Su padre era pastor Adventista. Al graduarse se convirtió en secretaria de la sede de París de la Unión Franco-Belga de los Adventistas del Séptimo Día. En 1939 Francia declaró la guerra a Alemania. Gabrielle permaneció en París y cuando los alemanes invadieron Francia huyó al sur junto a su hermano. Cuando Alemania firmó un armisticio con Francia, Gabrielle regresó a París y retomó su trabajo como secretaria.

Gabrielle se involucró en ayudar a los perseguidos por el régimen, judíos y otras etnias. Muchos jóvenes se unieron a la Resistencia, no para empuñar las armas, sino para colaborar en una defensa activa por los valores humanitarios que la guerra estaba aniquilando. Gracias a eso más se ayudó a 800 judíos y más de 100 aviadores aliados que cayeron en Europa.

El sábado 26 de febrero de 1944, la Gestapo irrumpió en su iglesia y fue arrestada junto a otros 140 miembros de la red que ayudaba a los judíos para salir de Europa. Su nombre fue obtenido en una sesión de tortura que la Gestapo aplicó a uno de sus compañeros, que finalmente terminó por implicarla. Gabrielle fue llevada a la prisión de Fresnes, en París, y luego al campo de concentración de Ravensbrueck. En febrero de 1945 las tropas soviéticas liberaron los campos de concentración nazis, sin embargo, a los pocos días de la liberación murió por los efectos de la desnutrición, tenía 30 años de edad. Benjamín Disraelí dijo alguna vez: “Por cada medalla concedida, mueren cien héroes anónimos". Gabrielle es una de ellas.

El cristianismo no consiste en recitar letanías ni en entonar melosos cantos religiosos, eso es simplemente un acto litúrgico, formal y en muchos sentidos, ceremonial. La verdadera esencia de Jesús habita en los actos concretos que se realizan para llevar el amor de Dios a quienes lo necesitan.

En momentos de crisis morales no se puede ser neutral, Jesús nunca lo fue. Por esa razón, el sacrificio de Gabrielle fulgura como un hecho extraordinario en la historia de quienes dan su vida por su fe.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Héroes y heroínas de verdad

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