27 abr. 2017

Agredido y agresor

“Pero Dios vio que la tierra estaba corrompida y llena de violencia” (Génesis 6:11)
 

Entre las tantas prácticas horrendas de la Edad Media había una especialmente escalofriante. Cuando una mujer era violada y se descubría el hecho porque ella lo denunciaba o porque el hombre era sorprendido, eran condenados ambos, agresor y agredida, a ser puestos en un saco y hundidos en el agua hasta ser ahogados. ¿Por qué? Pues simplemente, porque se consideraba que si la mujer había sido violada algo debía haber hecho para provocar al varón. Ella era vista como culpable, tanto como su agresor. Algo similar a lo que ocurre en muchos países musulmanes en la actualidad donde mujeres violadas son condenadas a la cárcel por causas similares.
 

Lamentablemente, nunca se ha ido del todo esa mentalidad de sospecha. Lo que no entienden con esa mente es que no hay excusa para la violencia. Nunca es viable. Aunque las personas realicen las más estúpidas acciones o sean cansadoras por su forma de ser, nada amerita que sea violentada de ninguna manera.
 

La Biblia enseña que Dios detesta la violencia y rechaza a los violentos, precisamente por los efectos que tienen, no sólo en sus propias familias sino en las generaciones posteriores. Muchas personas son heridas por la forma en que actúan quienes no tienen el cuidado para obrar de una manera adecuada.
 

La violencia no sólo trata de agresiones físicas, sino también de manipulación, exclusión, discriminación, silencios premeditados, y un gran etcétera. Lamentablemente los seres humanos se han especializado en maneras para maltratar a su semejantes.
 

La locura de la violencia es que los violentos suelen maltratar a quienes dicen amar, dejándolos en el desamparo psicológico, porque a menudo sus víctimas no saben a quien recurrir porque se sienten amenazadas o porque aman a sus agresores y saben que si denuncian vendrán sanciones y existe la posibilidad de que sus agresores actúen peor en el futuro. Es una especie de caja china de tortura, donde por más que actúe la persona siempre resulta más dañado.
 

Nada justifica una acción violenta, pero por sobre todo, no hay ninguna razón que exija a una persona abusada el mantenerse al lado de su agresor, por mucho que lo ame.


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Copyrigh: Dr. Miguel Ángel Núñez.
Del libro inédito: LAZOS DE AMOR

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