9 oct. 2017

El perdón y los religiosos



“Algunos de los maestros de la ley murmuraron entre ellos: ‘¡Este hombre blasfema!’” (Mateo 9:3)

Llevaron a un paralítico a los pies de Jesús. Sus amigos, sin preguntarle a nadie, hicieron un forado en el techo de la casa. Las primeras palabras de Jesús fueron:

—Tus pecados son perdonados.

La gente no entendía nada. El paralítico comenzaba a atisbar algo. Pero los religiosos presentes, los maestros, los líderes espirituales, los que deberían haber entendido se enojaron. Acusaron enseguida a Jesús de ser un blasfemo y de arrogarse a sí mismo atributos divinos. En vista de su dureza y dándoles una oportunidad de entender Jesús los desafió y les dijo:

—¿Qué es más fácil decir “tus pecados son perdonados” o “levántate y anda”.

El paralítico de pronto sintió que sus piernas tenían fuerza y se llenó de una energía que no recordaba haber tenido. Titubeante se puso en pie y comenzó a caminar mientras sus amigos se abrazaban jubilosos y la gente irrumpía en aplausos y vítores de alegría. Habían contemplado un milagro. Casi todos estaban contentos, menos, los religiosos.

Lo mismo sigue ocurriendo una y otra vez. Una persona ha cometido un pecado. Cae herido como si estuviera muerto en vida. Es conducido por personas caritativas a los pies de Cristo y de pronto se siente aliviado, sano, robusto, lleno de vigor y energía. Se pone en pie. Siente que toda su vida ha cambiado. Se sabe perdonado. Levanta la frente. Sale caminando. La gente irrumpe en gritos de alabanza, menos los religiosos, que no pueden entender que alguien sea perdonado ¡así de fácil!

En las mentes retorcidas y frías de los líderes religiosos el pecador no ha hecho “méritos” para recibir el perdón. No se ha arrastrado ni humillado. No ha hecho torturas de penitencias. No ha sido maltratado ni motejado suficiente. Necesita llevar una carga durante un tiempo, para que sienta el “horror” de su pecado. Y luego, de ir a Dios, tendrá que vivir el resto de su vida con la marca de su error. Sólo así podrá ser librado. ¡Pobres diablos! Lo que está matando el cristianismo son los líderes que tal como antaño no entienden la obra de Jesucristo y quieren ver a los pecadores hundidos en el dolor para después dispensarles un perdón a medias. Esos individuos crueles llenos de soberbia religiosa tendrán que dar cuenta de su pecado.



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
Del libro inédito: Lazos de amor

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