12 oct. 2017

Perdonar como hemos sido perdonados



“Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos han ofendido” (Mateo 6:12 DHH02)

Conozco a una mujer que no falta a ninguna reunión de su iglesia. Se dedica con fervor a dar estudios bíblicos y llevar personas a la congregación a la que asiste. Es considerada una buena cristiana. Una persona que es un ejemplo, de hecho, más de alguna vez los pastores la han elogiado en público. Sin embargo, ella guarda un secreto que lo conocen un puñado de personas, entre las cuales hay abogados y jueces, que a causa de eso no pueden entender como ella se llama cristiana.

Su esposo la abandonó. Nunca ha reconocido que ella fue la causante principal del rompimiento de su matrimonio. Su actitud condenatoria, fría y llena de legalismo hizo que su marido finalmente, por salud mental, la abandonara. Ella se sumió en una ira vengativa que perdura.

Aunque su esposo nunca desatendió a su hija y siempre le dio el dinero necesario para que ella viviera y pagó sus estudios hasta la universidad, ella le mintió a su hija diciendo que el padre no la amaba, que se había ido con otra mujer y que a ella la había abandonado. En el juicio de divorcio, que ella tuvo que aceptar a regañadientes, quedó en evidencia que eso no era cierto. Nunca el padre dejó de enviar el dinero de la manutención, y siempre se le negó la posibilidad de visitarla o llamarla por teléfono. Ella destruyó todas las cartas que el padre le envió sistemáticamente a su hija.

En un primer momento, cuando la hija supo lo que había pasado, reaccionó airada con su madre y decidió acercarse a su padre. Sin embargo, rápidamente su madre la convenció que si él hubiera querido acercarse, lo hubiera hecho. Le volvió a mentir diciendo que él nunca había escrito nada. La hija, profesional que se especializó en violencia doméstica, porque creyó toda su vida que su padre había maltratado a su madre, cuando en realidad, siempre fue al revés, volvió a su costra de amargura y desapego.

Pero, todas las semanas su madre sigue yendo a la iglesia y llevando a otros a su congregación. Cree que es una buena cristiana, que Dios la considera su hija predilecta, sin embargo, nunca ha aceptado su maldad, ni su falta de perdón, ni siquiera ha hecho un mea culpa de sus propios errores. En su mente, su marido se fue, la abandonó y se casó con otra. Lamentablemente, aún no ha leído Mateo 6:12 y como muchos que pululan en las congregaciones, vive una religión de formas y llena de venganza.



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 
Del libro inédito: Lazos de amor

#MiguelÁngelNúñez #Meditacióndiaria #Devocional
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