21 nov. 2017

Nuestro amante defensor



“Sé tú mi defensor, pues tus ojos ven lo que es justo” (Salmo 17:2).

Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos sido víctimas de personas que nos han herido, maltratado, difamado, violentado. En esas ocasiones hemos sentido en carne propia la mala fe y la actitud de quienes no han dudado en utilizar todas las formas posibles para dañarnos.

En este contexto, personalmente lo que más me ha dolido, no han sido las heridas propinadas por extraños, sino por personas cercanas, por amigos y hermanos de la iglesia, que en algún momento prometieron estar de nuestro lado y ser fieles a nosotros. Son las heridas más difíciles de curar, porque han venido de gente que amamos y que han sido importante para nosotros.

Por esa razón, este texto, que es parte del Salmo 17, una oración hermosa donde el salmista vierte su mente a Dios implorando su presencia, lo primero que viene a la mente del cantor es entender que Dios es justo y como tal es nuestro defensor.

Cuando somos maltratados lo primero que viene a nuestra mente es la sed de venganza o la decisión de devolver la mano, para que quien nos ha herido entienda claramente el daño que nos ha hecho.

Una expresión con la que crecemos es “no te dejes”, “no permitas que te avasallen” o como solía decir un compañero de la facultad: “Una cosa es ser manso y otra ser menso”.

Lleva tiempo entender que el camino de la venganza nos pone en una espiral de nunca acabar. Se responde y nos responden, y luego, se inicia una escalada de agresiones que siempre van en aumento. Sin embargo, cuando en vez de responder con la misma moneda confiamos en que Dios es nuestro defensor las cosas toman un cariz distinto que suele cambiar la percepción de la realidad.

En primer lugar, descolocamos a nuestro agresor que espera una respuesta. Al no haberla, en muchos casos no sabe cómo reaccionar y suele desarmar su violencia.

En segundo lugar, al no responder con la misma moneda, le damos oportunidad al ofensor para que recapacite en su actitud, cosa que en muchos casos se logra.




Copyrigh: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: SALMOS DE VIDA 

#MiguelÁngelNúñez #meditaciónmatinal #devocióndiaria
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1 comentario:

  1. Si ocupará mi mente y mi corazón en albergar odio y/o rencor le daría al ofensor la importancia que para mi no tiene. Mi silencio y mi sonrisa y a veces hasta mi saludo son mi mejor venganza.

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