19 may. 2018

Libertad a los cautivos



“Me ha enviado a ... publicar libertad a los cautivos” (Isaías 61:1)

William Wilberforce (1759-1833)

Hay algunos que están llamados a convertirse en héroes y no lo saben, cuando se dan cuenta que van hacia un derrotero que dejará huellas, algunos se resisten, porque el héroe no siempre es el que lo pasa mejor. Muchas veces tiene que enfrentar situaciones tan difíciles que muchos simplemente, desistirían, no así los que están marcados para efectuar un servicio inestimable y señero.

William Wilberforce no es un nombre que mucha gente recuerde, tal vez alguno, por la película que se hizo en relación a su vida (Amazing Grace, 2006), y que más de alguno considerará simplemente, como una novela de ficción. Pero no lo es. Wilberforce hizo una obra tan extraordinaria que millones de personas le deben, literalmente, la vida.

Luchó durante 18 años para que el Parlamento Inglés declarara finalmente que la esclavitud era ilegal. En 1791, siendo parte del parlamento, propuso el proyecto de ley que buscaba abolir de todos los estados británicos la infamia de la esclavitud, ley que se promulgó finalmente en 1807. Cualquiera se hubiera desanimado y dejado todo. De hecho, sus enemigos políticos hicieron todo lo posible para que desistiera de su esfuerzo, pero él siguió, con la seguridad de que estaba actuando correctamente.

Procedía de una de las familias más ricas de Inglaterra. Durante años vivió una vida disoluta y desviada, hasta que se convirtió en cristiano, y sus valores y expectativas cambiaron.

Inglaterra tenía un fuerte comercio de esclavos que eran traídos desde África en pésimas condiciones. Wilberforce consideraba que era una aberrante contradicción considerarse cristiano y a la vez apoyar el comercio de esclavos. En 1807 se promulgó finalmente la ley que abolía la esclavitud en el imperio británico, pero no liberaba a quiénes ya eran esclavos. Recién el año 1833 se le otorgó la libertad a todos los esclavos del Gran Bretaña.

Seguramente muchos vieron esta situación. Más de alguno pensó que no era correcto, pero no hizo nada. Se necesitan personas como Wilberforce que no pasen de largo frente al sufriente sino que se detengan y decidan hacer algo. Ser cristiano es actuar, no sólo hablar.

¿Estás siendo espectador o estás haciendo algo por el que sufre?

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Héroes y heroínas de verdad

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