22 jul. 2018

Enseñar a una mujer



“La mujer aprenda en silencio” (1 Timoteo 2:11)

Cuesta entender el tipo de lectura que hacen de la Biblia quienes pretenden relegar a la mujer a un plano de inferioridad o dependencia.

Pablo fue un revolucionario. Entendió, tal vez como pocos, el sentido de la revolución que había iniciado Jesús al romper con siglos de tradición al tratar a la mujer con equidad y justicia.

En tiempos de Pablo se consideraba que enseñarle a una mujer era “tirar perlas a los cerdos”, expresión muy popular en esos días y que se usaba de manera profusa para negarse sistemáticamente a enseñar a las mujeres.

Las sinagogas sólo aceptaban varones para aprender, eso significaba que la mayoría de las mujeres eran analfabetas e ignorantes, los que las hacía presa fácil de manipuladores e inescrupulosos.

La ignorancia siempre ha sido fuente de mitos y conductas erróneas. Los que ignoran fácilmente son manipulables, especialmente, con el miedo.

La educación libera y abre nuevos horizontes. Jesús dio el ejemplo al tener entre sus seguidores a mujeres y en enseñarles abiertamente, yendo contra siglos de tradición sexista.

En este versículo Pablo, con una sola frase refrenda lo que Jesús enseña: “La mujer aprenda en silencio”.

En contraste con la posición rabínica chauvinista en la que estaba inmerso Pablo y cuyas opiniones sexistas estaban expresadas claramente en el Talmud, el apóstol es perentorio en señalar que es necesario que la mujer aprenda, al agregar en silencio, lo hace sosteniendo una práctica común de ese tiempo, donde se esperaba que el alumno aprendiera de esa forma, en ninguna forma, es menoscabo, porque también se le pedía lo mismo a los varones.

Es extraordinario, aprenda, es importante que lo haga. El apóstol comprendió lo mismo que entendieron muchos cristianos al comienzo, sin enseñanza la ignorancia predominaría. Desde el principio aprender fue para varones y mujeres. Eso es equidad.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Ser mujer no es pecado


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