2 dic. 2016

El peso de la culpa


“Como puedes ver, ya te he liberado de tu culpa” (Zacarías 3:4)

John Gibson era pastor y profesor en el seminario Teológico Bautista de Nueva Orleans. Un hombre carismático, simpático y querido no sólo por su comunidad sino también por su familia. En el pasado había luchado con la depresión y problemas de adicción, pero había salido para convertirse en un sobreviviente. Sin embargo, el 24 de agosto del año 2015 su esposa lo encontró muerto. Se había suicidado. La causa: Su nombre figuraba en el sitio de citas online Ashley Madison, cuya base de datos fue hackeada y publicada en todo el mundo.

Su viuda Christi expresó: “lo que sabemos de él es que le dio su vida a otras personas y que a todos los demás les ofreció gracia, misericordia y perdón, pero que, de alguna manera, fueron cosas que no pudo extenderse a sí mismo”. Es una reflexión trágica y amarga. Llevar a otros a los pies del perdón y no ser capaz de perdonarse a sí mismo por el peso de la culpa.

El legalismo mata, aquí hay un ejemplo claro y sin duda, trágico. Nadie debería hundirse en la culpa. Por muy grande que sea la vergüenza de admitir una falta, el cristianismo ofrece redención y libertad del pecado.

¿Por qué John Gibson tomó esa decisión tan drástica?

Lo más probable es que conocía a su comunidad religiosa y sabía que aunque sería perdonado no se olvidarían de su falta, porque eso hacen muchos cristianos, perdonan pero no olvidan, sin entender que perdón sin olvido no es perdón, es simplemente, un sucedaneo mentiroso del perdón real y auténtico.

Gracias al legalismo (en realidad deberíamos decir, por desgracia), el cristianismo se ha convertido en una máquina de acusar. Los legalistas son expertos en hacerlo, en señalar los pecados ajenos y pedir condena para las faltas de otros. Su amarga cruzada de “pureza” los lleva a mirar con sospecha a toda persona que se cruza en su camino.

Lo sorprendente es la capacidad de autoengaño, porque no alcanzan a percibir que todos los seres humanos estamos en la misma condición. No se trata de “pecados” sino de “pecado”. Cada ser humano que existe es “culpable”, no por haber pecado, sino por haber nacido con tendencia al mal, y para eso, la única solución es la redención, no la culpa.



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: 
SUPERANDO OBSTÁCULOS

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