1 dic. 2016

El reto de aceptar la imperfección


“No pienso que yo mismo lo haya logrado ya” (Filipenses 3:13)

No hay manera fácil de decirlo: El legalismo mata y destruye. No hay forma de expresarlo para que suene menos duro. Los legalistas están destruyendo el cristianismo y la fe en la religión. Ellos solos, con su espíritu amargo y destructivo, están logrando que millones de personas dejen de creer en Dios y se convenzan que la religión es una soberana tontería. Lo mismo ocurre entre musulmanes y judíos. El legalismo no es de autoría cristiana.

Una de las bases ideológicas del legalismo es la convicción de que el ser humano mediante su esfuerzo puede llegar a ser perfecto. La sola idea es una locura. Muchos cristianos citando textos fuera de contexto como Mateo 5:48, se convierten en hipócritas profesionales, expertos en simular y autoengañándores de manera permanente.

Aceptar que se es imperfecto y que NUNCA seremos perfectos en este ámbito de pecado es un paso hacia la sanidad mental y el equilibrio religioso.

Walter Riso en su libro “Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz” (me encanta el título), dice: “Ten presente que la valía personal nunca está en juego. La consigna es determinante: puedes ser escandalosamente feliz en medio de tu maravillosa imperfección” (2015: 21).

Muchos religiosos cristianos hacen esfuerzos denodados para autoconvencerse de que es posible lograr ser bueno y perfecto, creyendo que de esa forma están viviendo mejor el cristianismo, cuando en realidad, la fe cristiana está basada en la imposibilidad humana versus las posibilidades divinas que son entregadas por gracia al ser humano, no para que llegue a ser perfecto, sino que inicie un camino de santidad, que nunca acabará, ni siquiera en otra dimensión eterna.

No significa que la libertad cristiana es una forma de libertinaje, sino que es la aceptación de que nadie se salva por ser “bueno” o “perfecto”. Es una de las primeras grandes dificultades que debe confrontar el cristiano que desea vivir una vida equilibrada. Los fariseos son amargos y amargan, porque en el fondo se dan cuenta de la imposibilidad, pero su orgullo es más fuerte para aceptarlo.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. Del libro inédito: 
SUPERANDO OBSTÁCULOS

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