12 abr. 2017

La contemplación amorosa


“El amor es tan fuerte como la muerte” (Cantar de los Cantares 8:6)
 

Víktor Frankl, es uno de mis escritores favoritos. No me canso de leer sus libros. Una y otra vez encuentro en ellos joyas que me hacen pensar y reflexionar en todas las bendiciones de las cuales gozo cada día.
 

De pronto un día, en medio de la barbarie y sufrimiento extremo concluyó que significaba sobrevivir a un campo de concentración nazi: “por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humanos intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Compredí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad -aunque sea sólo momentáneamente- si contempla al ser querido” (Frankl, 2003:63).
 

La “contemplación del ser amado”, que puede traer paz y sentido en medio del horror más extremo, como el que vivió Frankl. El amor nos hace personas con un sentido de la vida totalmente distinto a cualquier otro ser. Nos da un norte claro para nuestras existencias. Nos provee de las herramientas adecuadas para sobrevivir. Cuando se ama de verdad, sin tapujos, sin ambigüedades, lo que queda es un claro sentido de vida, que orienta todo lo que somos.
 

El amor no es un agregado a la vida como han querido señalar escritores románticos o de romances baratos. El amor es el centro de la existencia, aquello que de sublime le da sentido a todo. Amar es todo lo que necesitamos para vivir vidas con equilibrio y sentido. No es extraño que Dios sea definido en virtud del amor (1 Juan 4:8), porque es la esencia fundamental de todo lo existente.
 

Como dice el mismo Frankl un día pensando en su esposa de quien nada sabía en el campo de concentración: “Un pensamiento me asaltó: ni siquiera sabía si ella vivía aún. Sólo sabía una cosa, algo que para entonces ya había aprendido bien: que el amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su significado más profundo en su propio espíritu, en su yo íntimo. Que esté o no presente y aun siquiera que continúe viviendo deja de algún modo de ser importante” (Frankl, 2003:64). El amor sigue.

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Copyrigh: Dr. Miguel Ángel Núñez.
Del libro inédito: LAZOS DE AMOR

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