16 abr. 2017

La gracia del amor



“Perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18)
 

El amor es un don, es algo que se entrega, no lo que se recibe. El amor se centra en dar, no en recibir. Esa verdad esencial es olvidada a menudo por el caos ideológico que existe sobre el amor en el mundo contemporáneo, donde pasión y emoción son equiparadas al amor.
 

“El amor es, —nos dice Viktor Frankl— exactamente, la vivencia de otro ser humano, en todo lo que su vida tiene de peculiar y singular” (Frankl, 2012:197). En otras palabras, cuando amamos vivenciamos al amado en toda su magnitud, entendiendo con claridad su individualidad y lo que tiene de diferente a otros seres humanos.
 

“En el amor, el ser amado es concebido como un ser peculiar y singular en su ser-así-y-no-de-otro-modo; es concebido como un tú y ácogido como tal por otro yo” (Ibid). Sólo el amor puede experimentar la esencia de otro ser humano. Sólo amando conocemos realmente a otra persona. El amor pasa por alto lo contingente y se concentra en lo esencial.
 

“El que es amado no puede impedir que, al ser amado, realice 1o que su persona tiene de peculiar y singular, es decir, el valor de su personalidad. El amor no es ningún ‘mérito’, sino sencillamente una ‘gracia’” (Ibid., 197-198). En otras palabras, el que ama otorga al amado la gracia de mirarlo como nadie podría hacerlo, porque sólo el amor conoce la realidad de otra persona.
 

El amor verdadero no ciega, todo lo contrario, agudiza la vista para ver lo que los demás no ven, en cierto modo, los ciegos son los demás que no logran ver lo que el que ama puede ver. Cuando la gente exclama confundida y dice: —¿Qué le ve? Está precisamente admitiendo que como no aman, no puede ver lo que el que ama ve. Sólo el amor transfigura.
 

Es lo que está implícito en la conocida historia de Mahana, la mujer que fue comprada por varias cabezas de ganado. Johnny Lingo no quiso pagar lo que su padre pedía como dote así que dio el triple. 
Aunque la gente se reía pensando que él estaba loco, el tiempo le dio la razón cuando los demás quedaron estupefactos al ver la mujer en que se había convertido. Algo que Johnny, que la amaba, habia visto siempre.
 

El amor real otorga gracia. Provee de encanto. Hace que el amado se cubra de un halo de belleza y distinción que sólo el amor puede otorgar. Sólo el que ama ve, los demás, son ciegos.





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Copyrigh: Dr. Miguel Ángel Núñez.
Del libro inédito: LAZOS DE AMOR

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