21 may. 2017

El negocio de acusar





“Así pague el Señor a los que me acusan, a los que dicen males de mí” (Salmo 109:20)

No se necesita ser muy inteligente para acusar. Ni siquiera se necesita tener información. Basta con ser lo suficientemente creativo para decir cualquier cosa de otra persona. Incluso más, mientras más escandaloso sea lo que se invente, más fácilmente los incautos lo creerán. Por eso, los troll han hecho su agosto en internet y encontraron su vocación de vida. Inventan, la gente lo cree y ellos son alimentados.

La verdad sale alguna vez a la luz, pero entre tanta mentira, muchas veces es difícil distinguirla. De hecho, es como un pedazo de madera en un mar lleno de otros objetos similares, luego de una búsqueda afanosa es posible encontrar lo que se busca, pero la mayoría abandonará sólo ante la vista del trabajo que tiene por delante.

Es más fácil, siempre, aceptar una mentira que dedicarse a escarbar la verdad. Lo trágico es que las mentiras se propagan con mayor rapidez que las verdades. Por alguna retorcida característica de la mente humana, se es más proclive a creer lo peor que lo mejor.

Los expertos en acusaciones generalmente son personas con mentes entenebrecidas por los prejuicios, los estereotipos y los fanatismos de todo tipo que suelen destruir vidas. Son los que están dispuestos a pasar por todo tipo de privaciones con tal de señalar a quien ellos sienten que debe ser señalado.

Entre los religiosos abundan quienes han olvidado la gracia y se han convertido en acusadores profesionales. Gente que se extasia en apuntar y señalar a quienes se equivocan o que no, porque muchos infundios son falsos y sólo están en la mente de ellos, en los que están constantemente cuestionando la vida de otros.

Muchos no quieren saber nada con religiosos y con la religión en general, porque esa es precisamente la imagen que se presenta y la que es más evidente. Aún los púlpitos que deberían caracterizarse por ser afluentes de paz y vida, se han convertido en muchos lugares en fuentes de acusación, señalamiento e incitación al odio y el rechazo. Con esto creen estar haciendo la obra de Dios, cuando en realidad hacen todo lo contrario. Traen oscuridad donde deberían poner luz.

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Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: SALMOS DE VIDA 

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