20 may. 2017

Tengo sed



“¡Él apaga la sed del sediento” (Salmo 107:9)
Al comienzo de su ministerio, la Madre Teresa de Calculta se sintió profundamente conmovida con las palabras de Jesús: “Tengo sed” (Juan 19:28). Para ella, dichas expresiones de Cristo, eran un símbolo no sólo de una sed física, sino de la propia sed de Dios por acercar a la humanidad a sí mismo. Por esta razón, convirtió dicha frase en el lema de su misión de las Hermanas de la Caridad. Ordenó que se pusiera en todas las capillas de la congregación.

En una carta escribió: “Nosotras llevamos en el cuerpo y el alma el amor de un Dios infinitamente sediento”, y luego agregaría: “Dios tiene sed. Dios tiene sed de nosotros, y la humanidad tiene sed de Dios” (citado por Yancey, 2015: 121).

Evidentemente, la sed de Dios no se vincula con una necesidad sino con su infinito amor por la humanidad, a quien quisiera entregarle todo, si tan sólo se lo permitiéramos.

Dios está expectante para calmar nuestra sed de sentido, de afecto, y de todas esas necesidades que se acumulan sobre nosotros de una manera lapidaria, sin que a veces, sepamos a ciencia cierta qué nos pasa y por qué razón vamos en esa dirección, si quisiéramos ir hacia otro lado. Las necesidades no satisfechas —reales y ficticias— muchas veces nos crean malas pasadas.

La mujer junto al pozo, aquella que había venido de Samaria al mediodía, cuando nadie iba, pero lo hacía para no sentirse despreciada ni maltratada por las otras mujeres del pueblo que la deben haber criticado más de alguna vez por el estilo de vida que llevaba. Esa mujer silenciosa y probablemente triste, creyó haber encontrado una solución para la sed de agua real que tenía y se encontró con una respuesta mucho más trascendente para saciar todas sus necesidades, las que veía como obvias y las otras, las más dolorosas, las que están allí pero que no sabemos que son la causa de muchas de nuestras insatisfacciones.

Lo que Cristo hizo con ella es lo mismo que espera hacer con todos aquellos que acudan honestamente, sintiendo que no hay forma de saciar la sed existencial que se siente, sino es através del amor infinito de un Dios que no nos busca para castigarnos, sino para amarnos.


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Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: SALMOS DE VIDA 

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