25 ago. 2017

Cosa indecente



“Si no le agradara por haber hallado alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio” (Deuteronomio 24:3)

Pensar en las implicaciones de este versículo da tristeza. ¿Cuántas miles y miles de mujeres a través de los siglos habrán sido maltratadas utilizando como excusa este versículo? Quien no capte el lenguaje sexista y androcéntrico de este párrafo de la Escritura, o se autoengaña o simplemente, no acepta lo evidente. Con todo el bien que le hizo Moisés a su pueblo, no dejó de ser hijo de su tiempo: patriarca, soberbio y con la convicción de que los varones eran más que las mujeres.

Algunos queriendo justificar a Moisés han arrojado la idea de que esta sección puede haber sufrido algún tipo de edición con los años. Algo de verdad puede haber en eso cuando se observa, por ejemplo, que el decálogo de Éxodo no coincide con el de Deuteronomio, y lo más importante, porque Jesús no cita el versículo completo en Mateo 19, sino sólo la alusión a la “carta de divorcio”.

El concepto “cosa indecente” da para todo. En tiempos de Cristo habían inventado cualquier razón o causa para anular un matrimonio, que siempre era unilateral. Del varón repudiando a la mujer, nunca a la inversa.

¿Qué tal si una mujer encontraba una “cosa indecente” en un varón? Pues no pasaba nada, simplemente, como ella era considerada “cosa” o un “objeto”, con menos valor que un animal en muchos casos, simplemente, quedaría como una anécdota y los varones, patriarcas sin escrúpulos podrían seguir haciendo lo que hacían: Maltratar, violar, golpear, asesinar o simplemente, despedir a la esposa, simplemente, como diría el rabino Akiba: “encontró una mujer más hermosa”.

El mayor problema de estos conceptos es que están en la Biblia, y por lo tanto, se convierten en “Palabra de Dios”, especialmente para mentes infantiles, intransigentes, no empáticas y fundamentalistas, que no son capaces de hacer una lectura diferente, ni mirar al gran exegeta de la Biblia que es Cristo que constantemente decía: “Les dijeron”, pero “yo les digo”, y con esa simple frase les enmendaba la plana a patriarcas y escritores del Antiguo Testamento.



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: SER MUJER NO ES PECADO


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