27 ago. 2017

Excepto



“En caso de infidelidad conyugal” (Mateo 19:10)

Algunos le llaman a este versículo la “única causal de divorcio”. El problema de estas interpretaciones es que toman el contexto general de la Biblia y sólo basan su interpretación en textos aislados. Claro, Jesús habla de “porneia”, expresión que lamentablemente, a través de los siglos, y especialmente después de la Vulgata Latina, sólo se la ha interpretado en términos de sexualidad, pero, es una expresión ambigüa que puede significar: Adulterio, aberración sexual, fornicación, abandono, violencia, incluso, irresponsabilidad.

¿Por qué Jesús habría de elegir una palabra ambigüa para un tema tan serio? El problema es que Cristo no usó esa palabra, él habló en arameo y, por mucho que les pese a puristas del texto bíblico, no conocemos la palabra que usó Jesús. Tampoco tenemos el texto hebreo de Mateo, porque esa fue la lengua en la que escribió su evangelio el apóstol, y lo que tenemos es una traducción de una traducción... Lo más probable es que Jesús, en arameo también usó una expresión ambigüa, porque siguiendo con la lógica de Deuteronomio 24, las causales del rompimiento de un matrimonio pueden ser muchas.

Sin embargo, con todas las implicaciones del matrimonio sacramental que se introdujo en la Edad Media, la obsesión por los pecados sexuales permanece hasta ahora, suponiendo que no hay nada peor que eso, lo que resulta pueril, porque evidentemente hay muchos pecados con peores consecuencias: La mentira, la difamación, el asesinato, y podríamos seguir.

Ahora, preferir sólo una traducción: “adulterio”, nos pone en un problema mayor. En tiempos de Cristo la única acusada de adulterio era la mujer (tal como se observa en Juan 8). Los varones estaban exculpados. Podían meterse con prostitutas o mujeres no casadas, tener más de una esposa y concubinas, pero eso no era considerado adulterio. De lo único que tenían que cuidarse era de no tener vínculos con una mujer casada, porque de ese modo “dañarían propiedad ajena”. Jesús, al aludir a la “carta de divorcio”, una vez más protege a la parte más débil, la mujer, otorgándole derechos y liberándola de malos matrimonios.




Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: SER MUJER NO ES PECADO


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