30 ago. 2017

Marginadas entre marginados



“No fue así desde el principio” (Mateo 19:8)

Estudiar el pasado siempre es complicado, porque se tiende a medir el ayer a partir de premisas del hoy, y eso, no sólo es un concepto erróneo, sino una forma de análisis que induce a error. Se tiende, por ejemplo, a hablar de las mujeres bíblicas como una especie de heroínas que destacan en un mundo eminentemente machista y patriarcal. La realidad es mucho más cruenta que es mito. Las mujeres padecían, no eran heroínas ni mucho menos.

De acuerdo a la historiadora y teóloga Inmaculada Rodríguez, las mujeres eran un grupo marginal y marginado por la sociedad, la política y la religión. “Apartadas de la vida pública, confinadas en el hogar, su vida transcurría preparándose para el matrimonio. Sin estudios, sin posesiones, sin capacidad de decisión” (Rodríguez, 1993:44).

Lo que normaba la vida eran los roles de parentesco, por lo cual las mujeres estaban sujetas a un entorno donde por ser mujeres, no podían aspirar a otra cosa más que a estar sujetas al clan paterno y luego, al clan del esposo.

Nos admiramos de las reglas vinculadas con el honor, tan comunes en países árabes, pero el ambiente de Israel era similar. Muchas acciones estaban normadas específicamente para cuidar el “honor” de la familia, que era en realidad, el “honor del marido”.

En la práctica, un extranjero y un esclavo, en muchos sentidos estaba más protegido que una mujer que podía, incluso, ser asesinada por su esposo y no pasaba nada, porque era “mercancía” o “posesión”, y nadie tenía derecho a decir nada.

En ese sentido, las mujeres “eran marginadas entre los marginados”, porque incluso las mujeres más parias tenían una situación inferior sólo por ser mujeres.

Por eso el discurso de Jesucristo viene a mostrar una ventana de esperanza a las mujeres que ven en él la encarnación de la libertad que tan férreamente les era negada por sus contemporáneos. No es extraño que la mayor cantidad de personas que seguían a Jesús eran mujeres.



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: SER MUJER NO ES PECADO


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