8 ene. 2018

Vida por obligación



“¿No tenemos todos una obligación en este mundo? ¿No son nuestros días como los de un asalariado?” (Job 7:1)

No hay algo más desagradable a largo plazo que no sentirse dueño de su propia vida. Permitir que un trabajo, un país o cualquier cosa te niegue tu libertad de elegir es una forma de tortura lenta y segura, que produce efectos desastrosos en la vida humana. La libertad es parte de nuestra esencia. Nacimos para ser libres. Fuimos creados con la libertad como horizonte.

Lamentablemente, muchas personas van por la vida viviendo por obligación y haciendo cosas que no quisieran hacer, utilizando esa frase conformista y triste: “Es que hay que hacerlo”, y mi respuesta es simplemente: “¿Por qué?”. Porque debes atarte a un trabajo que no te gusta, a una profesión que te hace infeliz, a una carrera en la que no te sientes a gusto, a un barrio que te hace mal, a amistades tóxicas, a parejas que te hacen daño. Acostumbrarse a vivir por obligación, termina por destruirte porque entregas el dominio de tu vida a una situación, circunstancia o persona.

Una variante de vivir la vida por obligación y destino es culpar a los demás por lo que te ocurre. Hay demasiados “si” condicionales que aceptamos como excusa para no vivir como corresponde, libres y sin ataduras. Es que “si mi marido fuera distinto...” y la respuesta obvia es “y si no cambia, seguirás atada a un infierno simplemente porque parece no tener salida”. “Si hubiera estudiado otra cosa”, ¿y qué te ata?, Fernanda Pozo Carreño, a los 94 años de edad obtuvo una licenciatura en Química por la Universidad de Murcia en España.

Nunca es tarde para ser libre, a menos que tu esclavitud mental no te permita safarte de las condiciones que has permitido.

“Ningún hombre puede tener el derecho de imponer a otro hombre una obligación no escogida, un deber no recompensado o un servicio involuntario” (Ayn Rand)



Copyrigh: Dr. Miguel Ángel Núñez. 
Del libro inédito: Reflexiones al amanecer 


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