24 feb. 2018

Desnudos



“Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, pero no se avergonzaban” (Génesis 2:25)

Es interesante como se introducen ideas que demuestran la fragilidad del entendimiento humano. La primera traducción que se hizo de la Biblia a un lenguaje vernáculo fue la llamada Vulgata Latina, que fue realizada por Jerónimo. Dicha versión permaneció por siglos y marcó las traducciones posteriores a otros idiomas.

Cuando Jerónimo tradujo por primera vez este versículo introdujo la palabra “desnudo”, por la concepción equivocada que había introducido Agustín de Hipona sobre el pecado original, que para dicho autor estaba vinculada con la sexualidad, cuestión de la que no habla la Biblia en ninguna parte y que sólo surgió de la mentalidad distorsionada de autores medievales.

En Génesis 2:25 hay una vinculación lingüística con Génesis 3:7, y el énfasis no es la desnudez, sino la culpa. La traducción más correcta sería “estaban uno frente al otro sin culpa y no sentían vergüenza”. Cuando entendieron que eran culpables lo primero que hicieron fue intentar esconderse, en especial de la presencia de Dios, porque sabían que algo había fallado.

¿Por qué deberían sentir vergüenza de sus cuerpos si eran esposos y así se habían conocido? No tiene lógica, a menos que se proponga que el cuerpo sexual humano tiene algo de repulsivo o vergonzoso, como era la creencia medieval.

Sin embargo, si se piensa en términos de culpa, el asunto cambia. ¿Por qué estaban uno frente al otro sin culpa? Precisamente porque no había conciencia culpable. Ambos se sabían inocentes. Estaban en plena armonía con Dios no había nada que pudiese afectar su relación.

El pecado introdujo una brecha en las relaciones interpersonales, convirtiendo a dos personas llamadas a la armonía, en enemigos y contrincantes. El plan de Dios se vio afectado y el varón y la mujer dejaron de tratarse como individuos con un mismo fin, para convertirse en adversarios.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Ser mujer no es pecado


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