17 abr. 2018

Agradecimiento, amor y perdón



“Seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios” (Hebreos 12:28)

Las personas agradecidas expelen un aura de positividad que se refleja en todo lo que hacen y en los vínculos que establecen. Están más propensas a amar y ser amados, porque dejan abierta la posibilidad de encontrar el amor; y si, en algún momento son decepcionadas por el error de alguien, están más dispuestos que otros a perdonar. No hay nada de mágico en eso, es simplemente, que el agradecimiento crea las condiciones para el amor, y cuando eso ocurre, es mucho más sencillo perdonar. Es una especie de efecto dominó, una cosa lleva a la otra.

Lamentablemente, lo mismo sucede al contrario. Las personas desagradecidas siembran ambientes negativos que no propician el amor, al contrario, van dejando huellas de resquemor y resentimiento, lo que evidentemente dificulta el perdón en cualquier situación.

La Biblia habla de algo que es ya una verdad científica irrefutable, nuestra actitud mental determina nuestra vida. Lo que nos ocurre, está condicionado de una forma u otra por nuestra mente. Somos, en muchos sentidos, extensión de lo que pensamos.

Una persona que tiene su mente llena de actitudes desagradecidas frente a la vida, tratará a sus cercanos de una manera indiferente e incluso, agresiva. Su mente sólo se concentra en lo negativo, por lo tanto, va generando el hábito de mirar el lado oscuro de la realidad, eso, que al comienzo es apenas perceptible, genera un ambiente enrarecido que no crea las mejores condiciones para el amor, y menos, para el perdón cuando es necesario.



No es casual que las personas agradecidas, en las encuestas, habitualmente sientan más emociones vinculadas al amor y al perdón que las personas desagradecidas. No se nace agradecido, es una actitud que se cultiva, del mismo modo que la manera negativa de ver la vida. Eso implica que si tenemos una mala actitud podemos mejorarla y aquilatarla de una manera diferente, la clave es y siempre será nuestra mente. Ni Dios puede cambiarla si no queremos. La elección es nuestra y de nadie más.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Lazos de amor

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