7 abr. 2018

Un Dios protector



“Mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite! Él es mi protector y mi salvador” (2 Samuel 22:3)

Lo que la Biblia presenta de Dios es una imagen totalmente diferente a la que habitualmente algunos cristianos muestran. Es un Dios que su primer acto de amor con el ser humano es cubrirlo de la culpa que siente, sin acusarlo ni torturarlo y dándole la salida, anunciándole con amor que vendrá un salvador a restaurarlo. Toda la Biblia enfatiza el mismo mensaje. Un Dios que no demora en cubrir con su bondad al caído. Un Dios que en su inmenso amor no duda en arriesgar todo el cielo para demostrar con hechos hasta donde está dispuesto a llegar con el fin de salvar al ser más querido que ha salido de sus manos.

Extraña que muchos se llamen cristianos y no duden en maltratar a otros creyentes. No dudan en pronunciar los peores epítetos y descalificaciones en “nombre de Dios”. Un Dios eclipsado por malos conceptos e ideas malsanas que sólo son producto de una imagen tergiversada de la divinidad. El problema adquiere ribetes dramáticos al interior de un matrimonio, donde uno de ellos o a veces, ambos, no están dispuestos a aceptar “imperfecciones” en el otro, entendiendo que dichas “imperfecciones” suelen ser subjetivas, porque para unos puede afectar totalmente y para otros, nada.

Algunos pronuncian frases lapidarias como “si él me falla, nunca más le hablaré”, o como escuché hace un tiempo, “si ella llegara a mirar a alguien, no la perdono nunca”, sin darse cuenta que con este tipo de expresiones de algún modo se están autocondenando a no equivocarse nunca. Por esa razón, con esta neurosis de perfeccionismo, cuando dichas personas suelen cometer un error, no son capaces de auto perdonarse y terminan castigándose a sí mismo, al grado de genera mecanismos de autodestrucción.

Errar es humano y perdonar también. Porque el que no lo hace, incuba dolores que destruyen o encapsula, lo que es peor, emociones que si no se expresan terminan por explotar y producir fenómenos mucho más dolorosos. Nadie es perfecto, las personas que son perfectas, están en el cementario porque se les ha hecho un monumento de sublimación o están en las novelas de fantasía.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Lazos de amor

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