4 abr. 2018

¿Y si pido perdón y no me perdonan?




“Soportaos y perdonaos unos a otros, si alguno tuviera queja del otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13) 

Todo agravio, siempre, tiene dos partes: La parte agraviada y el ofensor. Para que exista la posibilidad de restaurar las relaciones es preciso el perdón, en primer lugar, la solicitud de perdón del que ha ofendido y luego, el otorgar perdón de parte de la parte agraviada. Eso es en teoría, la práctica resulta mucho más compleja.

Muchas personas se niegan a reconocer que han cometido un error y que necesitan ser perdonados por lo que han hecho. Esta situación es la más difícil, porque es complicado otorgar perdón cuando la otra parte no reconoce su falta. Aún así, es preciso perdonar, pero por sanidad mental, en ese caso, el perdón es unilateral, pero en dicho caso, la restauración no es completa y pensar en reconciliación en dicho contexto es prácticamente imposible.

La otra situación es cuando el agraviado da el primer paso y busca perdonar a quien la ha maltratado con su error. Si la persona ofensora tiene una buena actitud y reconoce su falta, hay muchas opciones de solución y de que la relación al menos sane o, en caso de que no exista reconciliación, al menos queden en paz.

Sin embargo, hay otro caso donde la situación se torna en muy compleja. Es cuando el ofensor acude a la persona que ha agraviado. Va arrepentida, con deseos de compensar lo que ha hecho, sin embargo, es rechazado y su perdón no es aceptado. Es un momento difícil, que en general, complica más la situación.

Es posible que la persona ofendida quiera revancha, pero ese no es el camino. Puede creer, equivocadamente que si perdona deberá reconciliarse, pero ese no es el caso. Perdonar no es reconciliar, sino dejar ir, no amarrarse a un resquemor que a la larga sale peor que la enfermedad.

Si pides perdón y no te perdonan, entonces, haz hecho tu parte. No caigas en la forma equivocada de desdeñar a quien has ofrendido. Simplemente entiende que la persona ofendida habla a partir de su herida. No la maltrates. Guarda silencio y perdona que no te perdonen.



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Lazos de amor

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