12 jun. 2018

¿Justo o justificado?



“Nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley” (Romanos 3:20)

Hay una gran diferencia entre ser justo y ser justificado. El no entender el significado de una u otra expresión es lo que deriva en legalismo y en esa disputa estéril de obediencia versus gracia barata que tanto gustan los legalistas que no entienden el sentido de la gracia.

La Biblia no nos invita a ser “justos” porque tal como lo dice Pablo nunca habrá alguien que pueda decir plenamente que es justo, ni siquiera uno en el énfasis paulino (Romanos 3:10). Ser justo implicaría llegar a ser justo por haber alcanzado una norma de conducta perfecta. Por ese camino, el esfuerzo humano se convierte en el medio de salvación.

La expresión bíblica es “justificación” que era una expresión que implicaba que el ofensor de la ley era declarado justo por un decreto de un juez. En la práctica seguía siendo “injusto”, pero, nominalmente, por declaración judicial era llamado justo sin serlo efectivamente (Romanos 4:17).

Cristo ha pagado la deuda por nosotros, acto que se denomina redención, y por ese acto soberano, libre y misericordioso de Jesús el pecador que cree en él es llamado justo y declarado inocente ante la ley, como si nunca hubiera pecado.

La arrogancia del legalismo es creer que ese acto redentor de Cristo no es suficiente, y ante la gracia sanadora de Jesús ofreciéndose libremente ellos oponen sus propias acciones y suponen que lo que realizan los hace aptos ante Dios. En cierto modo, Dios estaría “obligado” a declararlos justos, simplemente, porque ellos han “actuado justamente”, o en otras palabras, porque han obedecido a la norma y actuado conforme a los dictados de la ley de turno.

“El legalismo conduce a una vida con apariencia de piedad, pero que niega la eficacia de ella” (Samuel Pérez Millos).


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Reflexiones al amanecer


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