3 jun. 2018

Santos enojados



“¡Atrevidos y arrogantes que son! No tienen reparo en insultar a los seres celestiales” (2 Pedro 2:10)

No importa cuál sea la creencia del legalismo ni de qué denominación sean, ascendencia étnica, género o edad. Hay un común denominador a todos, suelen enojarse de una manera absurda contra todos aquellos que osan pensar distinto a ellos. Es habitual que insulten, motejen, descalifiquen y maltraten verbalmente a todos aquellos que no comparten sus criterios de “obediencia”, “perfección” y “salvación”. No logran percibir que al hacerlo y actuar de ese modo, niegan en los hechos aquello que defienden tan denodadamente en la práctica.

Comentando esta situación el escritor Mervin Moore señala que los legalistas “se enojan con cualquiera que no esté de acuerdo con ellos y los condenan” y agrega a continuación algo que comparto plenamente: “Debo cuestionar la teología de cualquier persona que se comporta de esa manera, independientemente de cuán acertada sea esa teología. Tengo que cuestionar la teología y especialmente los motivos de las personas que se enojan con otros cristianos simplemente porque no están de cuerdo con ellos en un punto doctrinal en particular” (Moore, 1994:37).

¿Por qué ocurre esto? ¿Qué hay en el fondo de la actitud legalista? Pues nada más y nada menos que un profundo orgullo. El mismo que les hace pensar que es posible llegar a vivir una vida sin pecado o ser capaces de obeceder la ley de Dios de manera perfecta.

Hay un sesgo de vanidad al creer que la conducta humana es capaz de hacer que Dios obre a favor nuestro simplemente porque obramos de un modo u otro. También, en la pretensión de que algún ser humano sea capaz de llegar a un estado de impecabilidad sólo por proponérselo.

“La base psicológica del legalismo es una combinación peligrosa de ignorancia con orgullo espiritual” (Roger L. Smalling)


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez
Del libro inédito: Reflexiones al amanecer


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